Practica lo que predicas y la Integridad
diciembre 25, 2019
EDUCACIÓN, VIRTUDES
Es cierto que debemos actuar como manifestamos, conducirnos como declaramos, y comportarnos como lo predicamos. Eso nos traerá recompensas y satisfacciones, tanto personales como sociales. Es un reflejo de nuestra sólida formación y educación. La mayoría de nosotros, definitivamente, estaremos de acuerdo con eso. Y claro está, a nadie le gusta que lo etiqueten como una persona con doble estándar, deshonesto o mentiroso. Por lo tanto, a la mayoría de nosotros sí nos importa actuar como decimos… Nos importa practicar lo que predicamos.
«Practicar lo que predicamos» seguramente nos hace, ante los ojos de todos, personas con principios, personas con integridad; y esto es, básicamente, porque así es como las personas nos «miden» el nivel de integridad que poseemos.
La integridad es una de las virtudes que la mayoría de las personas buscan desarrollar. Sin embargo, la integridad no es solo el “comportarnos como predicamos”. Se requiere más que eso. Una persona íntegra tendrá, como primera cualidad, todos sus comportamientos, actitudes, deseos, sentimientos y pensamientos alineados, congruentes e indivisos. Esto es, entendiendo que nuestros comportamientos nacen de la raíz misma de cómo pensamos y cómo sentimos. La segunda cualidad, no menos importante es que la moral, fundamentada en virtudes y valores sólidos e incorruptibles, dirigirán y gobernarán esos pensamientos, sentimientos, deseos, actitudes y comportamientos.
También es cierto que nosotros, y solo nosotros, conocemos nuestros pensamientos más profundos y las verdaderas razones por las que actuamos de la manera en que actuamos. Si es así, solo nosotros podemos juzgar y concluir que tanta integridad poseemos. De todos modos, otros seguirán escuchando lo que decimos y observando lo que hacemos, y así, el «practicar lo que se predica», se convierte en el elemento que «mide» nuestro nivel de integridad. Y a veces, «practicar lo que se predica» también es la variable que nosotros mismos usamos para «medir» nuestro nivel de integridad. ¿Podríamos, entonces, simplemente estar «pretendiendo» ser una persona con integridad (y no necesariamente estar conscientes de eso)?
Dales un vistazo a las siguientes situaciones e intenta, honestamente, responderlas:
Tú afirmas que siempre respetas las leyes y los reglamentos y hoy cuando estabas conduciendo, viste el semáforo en frente cambiando de ámbar a rojo, y pensaste por un momento seguir y cruzar con la luz roja, pero detuviste el automóvil a tiempo. Obedeciste la regulación del tráfico, tal como siempre afirmas; pero ¿por qué, realmente, detuviste el auto a tiempo? Podría ser porque:
- ¿Tuviste miedo de ser fotografiado por la cámara de luz roja y recibir una multa?
- ¿Te preocupaste de tener una colisión con otro vehículo y tener que enfrentar serias consecuencias, tanto legales como financieras?
- ¿Eres una persona considerada con los demás que respeta su derecho de paso?
Tú profesas que respetas a todos y que sigues las enseñanzas cristianas, y hoy, en la escuela, un chico te insultó y sentiste deseos de insultarlo también, e incluso golpearlo en la cara, pero decidiste bajar la cabeza, morderte la lengua. y salir del salón. Hiciste lo correcto, pero ¿por qué, realmente, ejerciste control sobre ti mismo? Fue, tal vez, porque:
- ¿Tuviste miedo de meterte en problemas si lo herías o lastimabas?
- ¿Sentiste que podías lastimarte tú si hubieras comenzado una pelea?
- ¿Eres una persona respetuosa del prójimo que practica el perdón?
Tú afirmas que eres una persona caritativa y que ayudas a los pobres y hoy, mientras caminabas con tu jefe para almorzar, un mendigo se te acercó en la calle y te pidió $1, pero tú le diste $10. Hiciste algo realmente encomiable, pero ¿por qué, realmente, le diste $10? Podría haber sido porque:
- ¿Tuviste miedo de molestar al mendigo y pasar un mal momento si le dabas muy poco o nada?
- ¿Quisiste impresionar a tu jefe y a los demás?
- ¿Eres una persona generosa y sabes que $1 no comprará suficiente comida para alimentarlo?
Hacemos lo correcto y actuamos como predicamos muchas veces, pero lo hacemos movidos por miedos, intereses, conveniencia, sentimientos equivocados, etc. y no por una moral sólida que esté fuertemente enraizada en nuestro corazón y nuestra mente. Ciertamente, si carecemos de una moral que sea el motor de nuestros pensamientos, sentimientos, deseos, actitudes y comportamientos, nuestro nivel de integridad seguirá siendo pobre, a pesar de que “practicamos lo que predicamos”.
¿Y con un bajo nivel de integridad, puedes adivinar que pudiera pasar la próxima vez que te encuentres en esas situaciones?
Piensa en eso.
Y, por favor, ¡dales un vistazo a los detalles del segundo libro “LOS PRINCIPIOS DE SICAMOR” y a los otros artículos!