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Somos más que un tigre

agosto 09, 2019

EDUCACIÓN

El tigre acecha a su presa. Sabe exactamente cuándo atacar, cómo acercarse y cómo someter a su próxima cena. Pero no es un asesino; caza solo cuando tiene hambre. Aun así, necesita competir con otros tigres; de lo contrario, no comerá.

Nosotros, los humanos, también tenemos que comer y también tenemos que competir con otros humanos, lo deseemos o no, seamos consciente de ello o no. Una gran diferencia con el tigre es que vivimos, supuestamente, una vida mucho más compleja en un mundo mucho más civilizado. No podemos vivir siguiendo solo nuestros instintos. Para competir y tener éxito, necesitamos más que pura fuerza y ​​velocidad. Necesitamos instrucción. Necesitamos aprender técnicas útiles y desarrollar habilidades. Necesitamos obtener un conocimiento profundo y una capacitación práctica. Necesitamos acercarnos de manera asertiva a las fuentes y contactos relevantes que proporcionarán los recursos necesarios para avanzar. Y también necesitamos establecer medidas e indicadores efectivos que nos informen cuánto estamos progresando. Ciertamente, necesitamos habilidad para lograr nuestros objetivos, y eso es mucho más que simplemente llenar un estómago vacío.

Cuando recibimos instrucción, acumulamos conocimiento y desarrollamos nuestra inteligencia, nuestros talentos y nuestras habilidades. El conocimiento es, de hecho, muy poderoso y es un activo que puede ser muy lucrativo. Esto puede ilustrarse con la historia de aquel gerente de fábrica que no pudo encender una máquina y, sintiéndose desesperado, trajo a un experto del exterior para ayudar a solucionar el problema. El experto vino, vio, presionó un botón y la máquina arrancó. El gerente de la fábrica estaba muy contento hasta que llegó la factura por $1,000. Asombrado, le preguntó al experto por qué los cargos eran de $1,000, cuando lo único que hizo fue presionar un botón; entonces, solicitó una factura detallada. Y la factura vino detallada: $1 por presionar un botón y $999 por saber qué botón presionar. El conocimiento que podemos acumular puede valer, ciertamente, bastante dinero. La instrucción también es lo que un empleador está más interesado en saber sobre un empleado potencial, a pesar de que el formulario de solicitud de empleo requiere que el candidato cuente sobre su «educación». Y eso no importa porque, de todos modos, el nivel de instrucción es lo que completará el candidato en el formulario, no su educación.

Bien, la educación es mucho más que instrucción. Cuando estamos educados, estamos perfeccionando todas nuestras facultades, tanto morales como intelectuales … y también podríamos contar las físicas. El objetivo de la educación es hacernos pensar, sentir, desear y actuar correctamente. Nos permitirá utilizar todo el conocimiento y la experiencia que tenemos de una manera mucho más poderosa con un alcance definitivamente mayor. Y las recompensas que obtendremos serán mucho más satisfactorias. Si recibir instrucción es una bendición, obtener educación es una doble bendición, y como tal debemos perseverar en obtenerla.

El médico que está solo instruido puede informarte, sin rodeos, sobre la enfermedad mortal que padeces, explicarte el tratamiento que sugiere, para luego solicitarte que pagues sus honorarios y que te vayas. Con educación, él será amable y atento al darte la noticia, simpatizará con cómo te puedes sentir al escucharlas, se acomodará a las opciones disponibles y convenientes que existan, y estará atento para escuchar tus preguntas y responderlas. Aquí otro ejemplo. El cajero del supermercado debe estar entrenado para manejar correcta y rápidamente el cajero automático. Pero con educación, aun teniendo al gerente detrás de su hombro, tomará su tiempo y saludará a cada cliente con una sonrisa, conocerá a los clientes habituales y preguntará por sus familias, y recomendará las promociones existentes para la semana.

La diferencia entre ser instruido y ser educado no solo se limita a ejemplos como los anteriores. Hay casos de hombres altamente instruidos capaces de fabricar leche en polvo o arroz falsos… ¡hasta huevos! Pero ¿se los darías tú a tus hijos o a los de tu vecino? La verdad es que una persona educada tendrá muchas menos posibilidades de caer en vicios y delitos.

El hombre educado tendrá moral y ética. No solo es capaz de discernir rápidamente entre lo correcto y lo equivocado, sino que también es capaz de comportarse de acuerdo a ello. Sus comportamientos se basan en valores sólidos y virtudes que obtuvo cuando estaba siendo educado. Reconocerá la presencia y los sentimientos de los demás. Se asegurará de hacer un esfuerzo adicional y de que todo lo que haga tenga un impacto positivo. Además, será justo y equitativo.

Es cierto que nuestras sociedades ponen mucho énfasis en instruir a su gente como una forma de desarrollarse y ser más competitivos. También es cierto que no podemos educar sin instruir. Pero debemos tener en cuenta que no son lo mismo. Necesitamos instruirnos y, también, educarnos.

 ¿Y este artículo, te está dejando con algo de instrucción o de educación?

 

Y por favor, recuerda echarle un vistazo al libro Sicamor. ¡Gracias!

 

 

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